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Mapas de diversidad de maíz, algodón y papas silvestres

MINAM 27 Enero, 2021

Evidencias arqueológicas de la diversificación del maíz en el Perú muestran que hace aproximadamente 7 000 años ya se cultivaban varias razas en el valle de Chicama, siendo la región Andina posiblemente la zona con la mayor diversidad de razas en el mundo. Por eso es de suma importancia poder realizar estudios que nos permitan focalizar donde están las zonas con mayor potencial de la especies.

Por otro lado, en el Perú existen dos especies de algodones nativos: Gossypium barbadense, conocido como algodón del país, de amplia distribución en la costa, los valles interandinos y la Amazonía, de fibra larga, elástica y con varios colores; y el Gossypium raimondii conocido como algodoncillo, una especie silvestre de la costa y vertientes occidentales del norte (valle de Chicama, valle de Santa Ana y quebrada de Huertas, margen izquierda del río Chilete). El primero fue domesticado y es ampliamente cultivado desde hace al menos 6 000 años. Sin embargo, el área sembrada con algodón ha ido en retroceso en las últimas décadas, y disminuyendo su producción, perdiendo el legado que tuvo el Perú en décadas anteriores.

La papa es uno de los cultivos más importantes del Perú. Tanto M.S. Bukasov (1933) y J.C. Hawkes (1945) coincidieron en que el centro de origen primario se encuentra en el actual altiplano peruano-boliviano. Spooner (2005), por su parte, propone un origen monofilético de las especies cultivadas a partir del componente norte del complejo Solanum brevicaule en el Perú. El origen de las especies cultivadas se sustenta a partir de una especie única, o de su progenitor S. bukasovii, en un área al sur del Perú, desde donde se difundió hacia el norte y el sur. Actualmente estamos en condiciones de afirmar que aquí se encuentran las ocho especies cultivadas y cerca del 50% de especies silvestres de las 188 actualmente reconocidas.

En este contexto, se ha planteado una propuesta para la identificación de las zonas de diversificación de las especies, con fines de orientar las inversiones en conservación y aprovechamiento sostenible de la agrobiodiversidad. Y, a través del análisis espacial, se ubican las zonas que cuentan con más posibilidad de presencia de las especies para poder focalizar el trabajo orientado a la conservación y uso sostenible de la agrobiodiversidad.

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